En un contexto de incertidumbre comercial y crecimiento económico moderado, el nearshoring se ha consolidado como la principal palanca de atracción de inversión extranjera directa en México. El fenómeno, que consiste en la relocalización de procesos productivos de empresas extranjeras hacia territorio mexicano para acercarse al mercado de Estados Unidos, registró un incremento del 39% en el valor de sus inversiones durante 2025, alcanzando los 21,251 millones de dólares. Para 2026, el sector público y privado ven en el nearshoring una oportunidad histórica que no puede desperdiciarse.
¿Por qué México sigue siendo atractivo?
El nearshoring en México no es una moda pasajera. Responde a una realidad estructural: la necesidad de las empresas globales, especialmente asiáticas y europeas, de acercar su producción al mayor mercado de consumo del mundo. La pandemia de 2020 expuso las vulnerabilidades de las cadenas de suministro ultraextendidas, y la guerra comercial entre Estados Unidos y China profundizó la necesidad de diversificar la manufactura hacia regiones más cercanas y políticamente alineadas.
México ofrece una combinación difícil de replicar: proximidad geográfica con Estados Unidos, acceso preferencial al mercado norteamericano a través del T-MEC, una fuerza laboral numerosa y relativamente calificada, costos laborales competitivos y una infraestructura industrial en desarrollo. A esto se suma una ventaja poco mencionada pero decisiva: la alineación de zonas horarias con las principales ciudades de negocios de Estados Unidos, lo que facilita la coordinación operativa en tiempo real.
El Plan México: la respuesta gubernamental
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha reconocido el potencial del nearshoring y ha diseñado el Plan México como su principal instrumento de política industrial. Esta iniciativa busca elevar la inversión total por encima del 25% del PIB, incrementar el contenido nacional en las cadenas globales de valor y generar empleos especializados de alto valor agregado.
El Plan México contempla incentivos fiscales para empresas que localicen su producción en territorio nacional, desarrollo de parques industriales en estados con vocación manufacturera, y un programa de formación de capital humano alineado con las necesidades de los sectores que más invierten en nearshoring: electromovilidad, semiconductores, aeroespacial, electrodomésticos y manufactura de precisión.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha sido el principal promotor de esta agenda, viajando activamente a ferias industriales en Asia y Europa para presentar a México como la mejor alternativa de manufactura para empresas que desean operar cerca del mercado estadounidense. Los resultados de esta diplomacia económica han sido positivos, aunque la materialización de las inversiones anunciadas en inversión real ha sido más gradual de lo esperado.
Los sectores líderes del nearshoring
No todos los sectores se benefician por igual del nearshoring. En México, los que han captado mayor atención son los siguientes:
La industria automotriz y de autopartes mantiene su liderazgo histórico. México es el cuarto mayor exportador de vehículos del mundo, y el nearshoring ha profundizado la integración de las cadenas de suministro en los estados de Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco y Guanajuato. La transición hacia vehículos eléctricos representa tanto un desafío como una oportunidad: las plantas de manufactura deben adaptarse, pero también están llegando nuevas inversiones en baterías y componentes eléctricos.
El sector electrónico y de semiconductores también ha experimentado un crecimiento notable. Ciudades como Guadalajara, conocida como el “Silicon Valley mexicano”, han atraído inversiones de empresas de diseño de chips y ensamble de componentes electrónicos. La demanda global de semiconductores, impulsada por la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y el Internet de las Cosas, augura un crecimiento sostenido de este sector en México.
El sector aeroespacial, concentrado en Baja California, Sonora, Chihuahua y Querétaro, ha seguido consolidándose como una de las industrias de mayor valor agregado y formación de capital humano especializado. México es el décimo mayor exportador de componentes aeroespaciales del mundo, una posición que puede mejorar significativamente con las inversiones en nearshoring.
Desafíos que no pueden ignorarse
A pesar del entusiasmo generado por el nearshoring, existen desafíos estructurales que podrían limitar su potencial si no se abordan con decisión. El primero de ellos es la inseguridad. En varias regiones con vocación industrial, la presencia del crimen organizado genera costos adicionales para las empresas y disuade a algunas de instalar sus operaciones en territorio mexicano.
El segundo desafío es la infraestructura. La energía, el agua, las carreteras y la conectividad digital son factores determinantes para la viabilidad de los proyectos de nearshoring. México ha avanzado en estas áreas, pero aún hay brechas significativas, especialmente en estados del sureste que buscan incorporarse al mapa del nearshoring.
El tercer desafío es el capital humano. El nearshoring de alta tecnología requiere ingenieros, técnicos especializados y operadores calificados que no siempre están disponibles en los volúmenes y especializaciones requeridas. La formación de capital humano es un proceso de largo plazo que debe empezar hoy para que sus frutos se cosechen en los próximos años.
El nearshoring como respuesta a la incertidumbre del T-MEC
Paradójicamente, la incertidumbre generada por la revisión del T-MEC puede acelerar el nearshoring en lugar de frenarlo. Las empresas que operan en cadenas de suministro norteamericanas tienen incentivos para certificar sus procesos como compatibles con las reglas de origen del tratado, lo que implica incrementar el contenido producido en México o Estados Unidos y reducir la dependencia de insumos de terceros países.
En este sentido, el nearshoring y el T-MEC son fuerzas complementarias. Ambos apuntan hacia la construcción de una región manufacturera integrada en América del Norte, donde México desempeña un papel estratégico como plataforma de producción competitiva. El desafío para México es garantizar que esta integración genere no solo empleos y exportaciones, sino también encadenamientos productivos internos que eleven el valor agregado nacional y distribuyan los beneficios del crecimiento de manera más amplia entre la población.