El nearshoring en México no se detuvo en 2026; se reconfiguró. A pesar de las tensiones comerciales derivadas de la revisión del T-MEC y las políticas proteccionistas de la administración estadounidense, el país mantiene una ventana de oportunidad estimada en 79 mil millones de dólares en relocalización de cadenas de suministro. La clave está en entender cómo está evolucionando este fenómeno y cuáles son los sectores que más se benefician.
El nearshoring cobró un auge sin precedentes en México a partir de la pandemia de COVID-19 y la ruptura de las cadenas de suministro globales. La dependencia que Estados Unidos había desarrollado respecto a proveedores asiáticos, especialmente chinos, quedó expuesta de manera dolorosa cuando fábricas, puertos y rutas de transporte colapsaron simultáneamente. México emergió como la alternativa natural: comparte frontera con el mayor mercado del mundo, tiene un tratado comercial que garantiza acceso preferencial, cuenta con costos laborales competitivos y dispone de una base industrial y manufacturera ya establecida.
Sin embargo, el escenario de 2026 presenta matices importantes. Las políticas arancelarias implementadas por Washington han generado incertidumbre en algunos sectores, particularmente el automotriz y el de electrónicos de consumo. Las empresas que ya tenían proyectos en marcha han continuado con ellos, dado que los costos de salida serían significativos. Pero aquellas que aún evalúan dónde establecerse están adoptando una postura más cautelosa, esperando que el panorama regulatorio se estabilice antes de comprometer capital a largo plazo.
A pesar de esta cautela, los datos disponibles confirman que los flujos de inversión asociados al nearshoring siguen siendo robustos. Los parques industriales en estados como Nuevo León, Coahuila, Guanajuato, Jalisco y Querétaro registran tasas de ocupación superiores al 95%, y la construcción de nueva infraestructura no logra cubrir la demanda existente. Las rentas de naves industriales han aumentado considerablemente, lo que refleja la intensa competencia por el espacio disponible.
Los sectores que más están aprovechando el fenómeno del nearshoring en 2026 son diversos. En primer lugar, la industria de semiconductores y electrónicos de precisión, que busca reducir su dependencia de proveedores asiáticos y establecer capacidad de producción más cercana al mercado de consumo norteamericano. En segundo lugar, la industria de baterías y componentes para vehículos eléctricos, impulsada por la transición global hacia la movilidad sustentable. En tercer lugar, el sector de equipo médico y farmacéutico, que busca diversificar sus fuentes de suministro tras las lecciones aprendidas durante la pandemia.
El estado de Nuevo León continúa siendo el destino principal de inversiones relacionadas con el nearshoring, gracias a su infraestructura de clase mundial, su ecosistema de innovación y la calidad de su fuerza laboral. Sin embargo, otros estados están ganando terreno rápidamente. Jalisco se posiciona como el hub tecnológico por excelencia, con una concentración de empresas de software, hardware y servicios digitales. Coahuila y Chihuahua atraen inversiones en autopartes y manufactura pesada. San Luis Potosí se consolida como centro logístico por su ubicación estratégica en el centro del país.
Uno de los principales desafíos que enfrenta el nearshoring en México es la disponibilidad de infraestructura crítica. La capacidad de generación y distribución de energía eléctrica es uno de los cuellos de botella más frecuentemente citados por los inversionistas. Muchas plantas manufactureras modernas requieren suministros eléctricos confiables y de alta calidad, y la red eléctrica mexicana aún presenta deficiencias en algunas regiones de alta demanda industrial. El gobierno federal y los gobiernos estatales han identificado este problema y están invirtiendo en la modernización y ampliación de la red.
El recurso agua es otro factor crítico. Varias industrias que se instalan en México por el nearshoring, como la de semiconductores o la de procesamiento de alimentos, son intensivas en el uso de agua. Esto ha generado tensiones en regiones donde el recurso hídrico ya era escaso antes del boom industrial. La gestión sostenible del agua se convierte en un imperativo tanto desde la perspectiva ambiental como desde la competitiva: las empresas que no gestionen responsablemente este recurso enfrentarán restricciones operativas y riesgos reputacionales crecientes.
La formación de talento especializado es otra área crítica para sostener el crecimiento del nearshoring. Las industrias que llegan a México demandan perfiles técnicos muy específicos: ingenieros en electrónica, mecatrónicos, técnicos en mantenimiento industrial, especialistas en logística y cadena de suministro, programadores de sistemas embebidos. Las universidades y los centros de formación técnica están adaptando sus programas para responder a esta demanda, pero el ajuste toma tiempo y la brecha entre oferta y demanda de talento sigue siendo un reto.
En conclusión, el nearshoring en México en 2026 se mantiene como una oportunidad transformadora de 79 mil millones de dólares, aunque con una dinámica más compleja y exigente que en sus primeras etapas. Las empresas que logren adaptarse a las nuevas reglas del juego, resolver los cuellos de botella en infraestructura y talent y posicionarse estratégicamente en los sectores de mayor dinamismo serán las grandes ganadoras de este fenómeno que está redefiniendo el mapa industrial de América del Norte.