El flujo de remesas familiares hacia México continúa mostrando signos de recuperación. De acuerdo con un análisis de BBVA Research, basado en cifras del Banco de México (Banxico), este indicador acumula cuatro meses consecutivos de crecimiento a tasa anual, luego de que 2025 se convirtiera en el peor año para las remesas mexicanas en más de una década.

El reporte detalla que en mayo de 2026 el ingreso de remesas se ubicó en 5,611 millones de dólares, cifra que representa un incremento anual de 3.8 por ciento. El dato cobra relevancia si se compara con el comportamiento de todo 2025, año en el que México captó 61,791 millones de dólares por remesas, una caída de 6.1 por ciento frente al año anterior que puso fin a 11 años consecutivos de expansión ininterrumpida.

Para los directivos de empresas con operaciones en México, especialmente en sectores de consumo masivo, retail y servicios financieros, este dato representa una señal a monitorear de cerca, dado el peso que tienen las remesas en el gasto de los hogares en amplias regiones del país.

Según los analistas de BBVA, el principal factor detrás de esta recuperación es la mejora relativa en las condiciones de empleo de la comunidad migrante mexicana en Estados Unidos, luego de un periodo de fuerte disrupción derivada de operativos migratorios intensivos y del endurecimiento de las políticas de la administración estadounidense contra la población indocumentada.

La magnitud del ajuste que sufrió este mercado durante 2025 se refleja en los datos mensuales: en julio, las remesas cayeron 4.7 por ciento; en octubre, el retroceso anual fue de 1.7 por ciento, con un flujo de 5,635 millones de dólares. El cambio de tendencia comenzó a insinuarse en diciembre, cuando se registró un incremento de 1.9 por ciento, el primero del año.

Desde la perspectiva empresarial, las regiones con mayor dependencia de remesas —entre ellas Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Oaxaca y Guerrero— representan mercados sensibles a esta dinámica. Las compañías de consumo, construcción de vivienda y servicios financieros con presencia en estas entidades podrían beneficiarse de una reactivación gradual del gasto de los hogares durante el segundo semestre de 2026.

No obstante, BBVA Research subraya que la recuperación aún es incipiente y no debe interpretarse como una tendencia estructural garantizada. El comportamiento de las remesas depende de variables externas que México no controla, entre ellas la política migratoria estadounidense, las condiciones del mercado laboral en sectores intensivos en mano de obra migrante —construcción, agricultura y servicios—, y la evolución del tipo de cambio peso-dólar.

Un elemento adicional que analíticamente ha cobrado relevancia es el crecimiento acelerado de las remesas que México envía hacia el exterior. En diciembre de 2025, estos egresos aumentaron 9.4 por ciento a tasa anual, alcanzando 122 millones de dólares, reflejo del creciente número de trabajadores extranjeros, principalmente centroamericanos, que residen y laboran en territorio nacional y envían recursos a sus países de origen.

Este comportamiento dual —recuperación de ingresos y aceleración de egresos— posiciona a México como un actor cada vez más complejo dentro de los flujos migratorios regionales, funcionando simultáneamente como origen, tránsito y destino de trabajadores migrantes.

Desde el punto de vista macroeconómico, las remesas siguen representando una de las principales fuentes de divisas para el país, superadas únicamente por las exportaciones manufactureras y, en algunos periodos, por la inversión extranjera directa. Su peso en el consumo privado las convierte en una variable clave para las proyecciones de crecimiento económico regional, un aspecto que los departamentos de planeación estratégica corporativa deberían considerar en sus modelos de demanda.

El sector financiero también observa con interés esta dinámica. Instituciones bancarias, casas de cambio y plataformas fintech especializadas en envío de remesas compiten cada vez con mayor intensidad por captar este flujo, lo que ha derivado en comisiones más competitivas y mejores condiciones para los receptores finales, modificando gradualmente la estructura tradicional de este mercado.

De cara al cierre de 2026, BBVA Research proyecta que el flujo total de remesas podría crecer entre 2 y 4 por ciento a tasa anual, un ritmo considerablemente más moderado que los crecimientos de doble dígito observados durante buena parte de la década pasada. Para los directivos empresariales, esta estabilización —aunque modesta— ofrece un punto de referencia más predecible para la planeación de negocio en los próximos trimestres, en contraste con la volatilidad observada durante el año previo.

Por Editorial

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